La Asociación Española de Militares Escritores le place remitir los artículos integrados en el Ciclo AEME/21:
“Las Fuerzas Armadas en momentos de incertidumbre”
del General de Ejército don Luis Alejandre Sintes.
Con escaso éxito, pedía recientemente desde una tribuna de La Razón, que la conmemoración de los 40 años del 23-F, se convirtiese en una objetiva reflexión sobre las causas que lo provocaron, en lugar de detenerse en puntuales recuerdos normalmente vestidos de subjetividad cuando no de justificación. Un octogenario antiguo ujier del Congreso, aseguraba recientemente haber colapsado el golpe, con su decidida actitud.
Vivimos, como en 1981, momentos de paro galopante que supera el 20% de nuestra población laboral y que supera el 40% cuando se trata del sector más joven de nuestra sociedad. No se insulta al Rey en la Casa de Juntas de Guernica, pero se le ningunea en el País Vasco y en Cataluña. Ni siquiera el ilusionado proyecto de inversión de Volkswagen en la planta de Seat en Martorell, mereció movilizar a las actuales autoridades catalanas, encerradas en sus propios odios. Desde un determinado grupo del Gobierno, se ataca constantemente a la Monarquía Parlamentaria como institución, con todo lo que conlleva en el arrastre: ruptura del pacto constitucional de 1978, quiebra del Estado nacido del mismo, formulación de un nuevo modelo de estado al estilo de las fenecidas repúblicas de la URSS.
En la “Quiebra de las democracias” ya anticipaba este peligro un brillante Juan José Linz (1). Hoy profundiza en este pensamiento el profesor de Harvard, Yascha Mounk (2), cuando señala que las democracias no mueren porque un grupo de militares irrumpen en su parlamento o lanzan mensajes y manifiestos amenazantes; las democracias se pudren por una secuencia de acontecimientos. Las primeras manifestaciones de deterioro y degradación son inapreciables para el ciudadano medio, incluso justificables; después, progresivamente se instalará en el poder una sensación de impunidad e invulnerabilidad; la quiebra vendrá cuando desde el poder se alimente la falta de legitimidad del sistema, cuando se desvanece la “creencia de que a pesar de sus limitaciones y fallos, las instituciones políticas existentes son mejores que otras que pudieran haber sido establecidas”. Todo un vicepresidente del Gobierno como Pablo Iglesias sigue esta cultura que coincide con la que aconseja Curzio Malaparte en su conocida obra “Técnicas del golpe de estado”: primero el poder y las instituciones; luego crisis social y clima de violencia; finalmente, ante la actitud lanar de las masas, el golpe definitivo.
Una muestra más del delicado momento que vivimos: el hecho de que los dos partidos vascos con representación parlamentaria –PNV y Bildu- no participasen en los actos centrales del 23-F organizados por el Congreso ,en los que fueron reseñables las palabras del Rey –“la erosión de la democracia pone en peligro nuestras libertades”-y de la propia Presidenta de la Cámara, Meritxel Batet, alertando contra “la creciente desligitimación e instrumentalización de las propias instituciones democráticas, para desnaturalizarlas”.
Cuando todos tenemos claro que sin el problema vasco no se hubiera producido un 23-F, sus diputados, en lugar de adoptar una postura cuando menos responsable, adoptaron con su tradicional soberbia una actitud excluyente. Como si la conmemoración no fuese con ellos. Los mismos que alimentaron social y económicamente a un grupo asesino durante veinte años; los que animaron a sus comandos desde púlpitos y sacristías; los que siguen chantajeando –ahora prisiones- al mejor postor político, con sus escasos pero decisivos votos.
Añado finalmente una última reflexión sobre el 23-F. Javier Pradera uno de los más brillantes pensadores de la izquierda, comprometido con sus medios de difusión, especialmente con El País, dejó escrito un testimonio que recoge en su biografía Jordi Gracia (3 ): “ aquel PSOE ansioso por llegar al poder de cualquier forma” conspiró con Armada para apuntarse a su solución de gobierno de concentración ; luego vendrían los silencios de 40 años de “prolongada mentira”, unidos a la estigmatización de los militares y el Ejército como institución golpista. Fueron también criminalizadas las razones por las que se diseñó el golpe de timón” y que básicamente eran dos: la continuada acción criminal de ETA y el riesgo de ruptura territorial que prefiguraba el estado autonómico. Basta un dato clave para comprender a Pradera sin necesidad de recurrir a la Lérida de Ciurana o de Maragall. En la lista del aventurado gobierno de concentración que manejaba Armada, figuraban otros dos generales, Sáenz de Santamaría y Saavedra Fajardo, el mismo número que el de conocidos socialistas: el propio Felipe González como Vicepresidente, Javier Solana y Enrique Mújica. De aquella lista, solo Ramón Tamames que representaba al Partido Comunista, ha tenido hoy el valiente gesto de dar la cara y de reflexionar sobre las causas que llevaron a aquella difícil situación.
Por supuesto las Fuerzas Armadas hemos pagado esta criminalización. Con honradas excepciones, los Ministros de Defensa a los que se les concedieron prerrogativas que eran genuinas de las “gentes de armas”, utilizaron el BOE para intentar desnaturalizarlas, para deshacerse de mandos incómodos que priorizaban la Institución sobre sus devaneos políticos. La lista sería interminable: se abandonaban poco a poco Cataluña y el País Vasco a exigencia de los nacionalistas; el Pacto del Majestic es una muestra de la rendición sin condiciones a unos pocos votos nacionalistas catalanes; se salvaba el cuartel del Bruch de verdadero milagro; se abandonaba el Museo Militar de Montjuïc y no se ha hecho nada para hacer cumplir un Convenio firmado; se borró el lema “A España servir hasta morir” de la Academia de Tremp ; hace poco se cedió Loyola; el Día de las Fuerzas Armadas se convertiría en el día de la Política de Defensa, en la que a los uniformados actúan como figurantes en el decorado, para lanzar un “viva el Rey” al final de las obligadas palabras del Monarca recordando la iniciativa de su antepasado Carlos III.
Son estos “puntos de soldadura” solo una muestra de la pretendida desligitimación de nuestra Institución.
Pero la respuesta ha sido positiva. Hoy las Fuerzas Armadas tienen el respeto y cariño de su sociedad. No hace falta recordar su apoyo en catástrofes y accidentes; últimamente en la pandemia. Por supuesto, cumpliendo su deber, haciendo no obstante “las cosas comunes, de manera no común” fruto de vocación y de un profundo sentido de la responsabilidad. Y en el generalizado clima de corrupción que afecta a todo el arco parlamentario y a sectores importantes de nuestra sociedad, los miembros de las Fuerzas Armadas –con puntuales excepciones que han sido corregidas con presteza- han dado ejemplo de honestidad y buena gestión de los medios que la sociedad ha puesto en sus manos, asumiendo incluso graves carencias presupuestarias que les han causado, no solo daños morales sino también físicos, algunos irreparables.
Por supuesto les duelen los insultos a su Jefe del Estado, constitucionalmente Jefe de las propias Fuerzas Armadas; pero también les duelen las cifras del paro; las desigualdades entre autonomías debidas al chantaje de unas; la degradación galopante de la vida política; la manipulación de los medios; la pérdida de ilusión de una juventud que no conoce más historia que la sesgada que le han inculcado.
Como nos recordó el Rey el mismo 23-F, estos ataques degradantes contra nuestra democracia, son ataques vivos a nuestras libertades. Libertades por las que hemos apostado y a la vez contribuido con nuestro esfuerzo.
En tiempos de incertidumbre, no es malo ratificarlo.
- “Quiebra de las Democracias”. Alianza universidad 1987
- Yascha Mounk. “El pueblo contra la democracia” Paidós.2018.
- Jordi Gracia. “Javier Pradera o el poder de la Izquierda” Anagrama.2019.
“Implicaciones para España en la seguridad en el Mediterráneo”
Original del asociado de la AEME, el Coronel don Rafael Vidal Delgado.
Nuestra rica lengua española diferencia dos formas de entender la “implicación”, siendo una de ellas la de implicarse sobre algo y para la presente reflexión, se traduciría como la aportación de España para reforzar la seguridad en el Mediterráneo, siendo la otra la forma, lo que afecta a nuestro país el grado de seguridad existente en el Mediterráneo, es decir, en el primer caso es acción y la segunda repercusión.
Históricamente, España ha tenido una vocación mediterránea, iniciada por la Corona de Aragón entre los siglos XIII y XV y continuada durante y tras el reinado de los Reyes Católicos, llegando a dominarse toda la parte occidental del Mare Nostrum. La dinastía de los Austrias volcó su esfuerzo geopolítico en el centro de Europa, sin llegar a desatender su flanco sur. La decadencia española se manifiesta a finales del siglo XVIII, culminándose con la venta del Oranesado, por Carlos IV al bey de Argel, olvidándose en el tratado la isla de Limacos, por lo cual se encuentra bajo la soberanía de España, con igual repercusión que la isla Perejil.
Vázquez de Mella (1861-1928), clamaba por la necesidad de que nuestro país se implicara más en la seguridad en el Mediterráneo, exponiendo que Dios nos había dado las llaves del mar latino, refiriéndose al estrecho de Gibraltar.
El siglo XX, al menos hasta la entrada de España en la OTAN, su implicación en la seguridad en el Mediterráneo, fue más bien de carácter pasivo, porque durante el período de 1939 a 1975, aparte de intentar “llevarse bien” con los “amigos del sur”, todo se basaba en proporcionar apoyo a los Estados Unidos en su política mediterránea (a partir de 1953).
Tras la entrada de España en la Alianza Atlántica, propiciada por el gobierno de UCD, ante la desconfianza de PSOE, que ganaría las elecciones generales en 1982. Felipe González llevó este tema a referéndum, aprobándose la integración por el 52%, aunque sin pertenecer a la estructura militar. En los primeros años se firmaron seis acuerdos de coordinación, entre ellos el “Charlie”, de control del estrecho de Gibraltar y sus accesos, implicándose en el mismo los tres ejércitos, el de Tierra con una estructura permanente, el Mando de Artillería de Costa del Estrecho, en el que el autor permaneció de capitán, comandante y teniente coronel, en este último empleo, como Jefe de Estado Mayor, dependiente operacionalmente del almirante de la Flota (ALFLOT), organizándose periódicamente ejercicios y maniobras, como “Tapón”, “Cerrojo”, “Activex”, etc. La misión pretendida era el “dominio” del Estrecho y sus accesos, tomando como referencias cabo San Vicente y cabo de Gata, es decir la seguridad abarcaba exclusivamente el Mediterráneo occidental.
La voluntad de esta implicación de España quedó reflejada en las sucesivas directivas de defensa nacional y otros documentos.
Actualmente esa necesidad de colaborar a la seguridad del Mediterráneo, es uno de los pilares, del ministerio de Asuntos Exteriores:
El Mediterráneo sigue siendo una de las prioridades de la política exterior española y las relaciones con los países mediterráneos y con la región en su conjunto un desafío mayor. Su estabilidad y prosperidad inciden en nuestra estabilidad y prosperidad y en la estabilidad y prosperidad de la UE. No tenemos únicamente una relación de vecindad sino más bien una relación de interdependencia que en muchos aspectos es muy evidente.
En el proyecto de Acción Exterior para 2021-2014, al analizar el cuadro regional del Magreb y Oriente Medio, expresa:
La prioridad para la acción exterior española es promover un espacio de estabilidad y prosperidad compartidas. El diálogo político y la cooperación operativa permite hacer frente a amenazas como el terrorismo o el crimen organizado. Mediante el refuerzo de los vínculos económicos y comerciales, y con especial atención a las relaciones energéticas, donde debemos profundizar en el vínculo entre política energética y diplomacia climática, podremos garantizar el desarrollo de toda la región.
Se visibiliza el concepto de “compartidas”, porque en el Mediterráneo, todos los países tienen que buscar ¿cuáles son los retos que comparten con los demás países?, y analizándolos a través de los diferentes instrumentos, como la política de vecindad de la UE, la iniciativa 5+5, la Unión por el Mediterráneo y otros de nivel gubernamental, conjuntamente con órganos que propician el conocimiento de las sociedades civiles del Mediterráneo, con el objetivo de GANAR LA PAZ, como preconiza el Foro para la Paz en el Mediterráneo. Pues bien, tras destacar esos retos compartidos, se debe profundizar, alcanzando entre todos una “Seguridad Compartida”, que consiste que los países de un espacio determinado que comparten unos intereses comunes y que abarcan todos los sectores de convivencia de los habitantes y pueblos de la zona, manteniendo cada uno su propia cultura y civilización. Todos se comprometen a “compartir” también el esfuerzo que supone reducir cualquier amenaza, bien sea al conjunto o a uno de sus miembros[1].
La Directiva de Defensa Nacional 2020, firmada el 11 de junio por el Presidente del Gobierno, fija como espacios de interés, entre otros, el Mediterráneo.
La política exterior española ha sido bastante activa en los últimos cincuenta años, teniendo como éxitos la Conferencia de Barcelona, la Asociación Euromediterránea y la Unión por el Mediterráneo, aunque estas herramientas no se han mostrado lo efectivas que se pretendía, aunque España debe seguir liderando todas estas manifestaciones, englobando no solo a la cuenca mediterránea, sino también a los países del Sahel.
Nuestro país ocupa una posición privilegiada en el Mediterráneo, por lo que su implicación en la seguridad del mismo debe basarse en el diálogo constante con todas las partes, intentando buscar lo que une a los pueblos, porque existe una cultura mediterránea, minimizando lo que nos separa y tras este diálogo un proceso de “cooperación”, en todas las facetas: económica, social, cultural, etc., de tal forma que la Unión Europea debe concienciarse que su principal amenaza no radica en el este, sino en el sur y para erradicarla, debe volcar su esfuerzo en incrementar social y económicamente a la orilla africana, de tal forma que pueda llegar a ser “una fábrica para Europa”. La elevación del nivel de vida minimizará los radicalismos violentos y, si no se consigue que el terrorismo yihadista, la inmigración indeseada y el narcotráfico, las tres lacras que nos azotan, queden erradicadas en gran parte, nos espera para España y la Unión Europea, muchos años de sufrimiento, como decía Alpha Oumar Konaré, presidente de la Unión Africana a principios del siglo XXI, en su visita a España, no habría mar ni muro que pueda impedir que millones de africanos hambrientos caigan sobre Europa.
Como segunda acepción de “implicación”, cabe reseñar que una inseguridad en el Mediterráneo, acarrea un coste económico, social, cultural y de convivencia, casi inasumible. La principal industria española es el turismo y no hay nada peor que una amenaza latente contra nuestros intereses, bien por ataques terroristas o por la trata de personas que desembarcan, a través de mafias en nuestras costas, delante precisamente del ocio turístico que queremos vender al mundo.
[1] VIDAL DELGADO, Rafael. España y la seguridad compartida para el Mediterráneo (Análisis jurídico y conceptual”. IX Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación. Málaga, 2015. Pag. 80.