Artículos y eventos de la AEME

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Artículo de la AEME incluido en el PAA AEME 1/21, titulado “La OTAN después de Trump”, original de su asociado el General de Brigada ( R ), don Marín Bello Crespo.

LA OTAN DESPUÉS DE TRUMP

Aún está demasiado reciente el relevo en la Casa Blanca entre Donald Trump y Joe Biden como para evaluar lo que es, y más aún, lo que será la OTAN tras el primer y único mandato del presidente saliente o, mejor dicho, durante el mandato del entrante. Más bien habría que hablar, en estos momentos, de cuáles serán las líneas básicas de la política exterior norteamericana a partir de ahora respecto a China, Rusia, Irán y los diversos países de Oriente Próximo, Oriente Medio y el Pacífico y, en el caso de Europa, hacia todos y cada uno de los países aliados, desde Noruega hasta Turquía, dos países miembros que presentan realidades políticas y sociales muy diferentes.

Tres percepciones distintas

Para los europeos, la OTAN es, por antonomasia, ¨la Alianza”. Esto es, el soporte militar de la prosperidad y del modo de vida de los europeos occidentales desde su creación en 1949 y, desde la caída del muro, de muchos europeos orientales también. Los primeros la consideraron  una barrera esencial, si no la única, contra la intimidante amenaza de la URSS, heredada ahora por Rusia a una escala tan diferente que hace más relevantes y dignos de atención otros problemas para su seguridad – el terrorismo yihadista y la piratería en el Cuerno de África, por ejemplo-, y los segundos, como un seguro de soberanía y de libertad frente al comunismo y también a la Rusia, comunista o no, de la que acababan de liberarse y cuya vuelta no desean de ningún modo.

La amalgama y la armonía entre estas dos percepciones no es tan fácil de conseguir como parece. Para los países europeos orientales y los bálticos el poderío de la OTAN es, fundamentalmente, la garantía del paraguas militar de los Estados Unidos y un foro de pertenencia a una comunidad europea muy diferente al antiguo corral comunista. Para los socios anteriores a 1989, una cómoda póliza de seguros que sustituye con ventaja no sólo al esfuerzo incomparablemente mayor que tendrían que realizar si decidieran constituir en serio una defensa genuinamente europea independiente del gigante militar estadounidense, y eso por no hablar de los problemas que suscitarían las cuestiones de mando, control, estructuras y asuntos varios si tuvieran que ser discutidas entre veintiocho países soberanos si los Estados Unidos no estuvieran dentro y,  Brexit mediante, el Reino Unido tampoco.

¿Y qué significa para los norteamericanos? Para ellos, la OTAN es una alianza muy importante en su costado atlántico, una más que sumar a las que ya tienen en otras partes del mundo con otros actores geopolíticos, en Asia y en el Pacífico, desde el Mar del Japón hasta el Mediterráneo. Alianzas contra diferentes adversarios: el terrorismo internacional, el activismo islámico, el expansionismo chino en el Mar de China y su gravitación sobre los países del Sudeste Asiático y las Filipinas, la presencia y la actividad iraní en Oriente Medio y Próximo, etc. En fin, la multitud de tensiones y conflictos que asume como autoproclamado gendarme de la estabilidad mundial frente a sus rivales en la pugna por la hegemonía: la ascendente China y la perturbadora Rusia.

La OTAN después de Trump

En este contexto, Trump ha sido señalado casi siempre como hostil a la Alianza, a la que ha tachado en ocasiones de “obsoleta”, fustigando con su peculiar estilo a los europeos por no realizar los aumentos presupuestarios   que les corresponden para aliviar la contribución económica americana al esfuerzo común, entre ellos dedicar a la defensa al menos el dos por ciento de su PIB, como acordaron en 2006.

La llegada de Biden al Despacho Oval, sin embargo, ha sido saludada por la nube mediática europea como el inicio de una nueva era en las relaciones transatlánticas, supuestamente en riesgo durante el mandato de Trump, que sin embargo no había realizado, fuera de sus palabras, ningún cambio que afectara al “transatlantic link”. En este sentido, el 20 de marzo pasado, en la reunión de ministros de Exteriores de la Alianza, el nuevo Secretario de Estado USA , Anthony Blinken, señaló que había viajado a Bruselas para “reconstruir las asociaciones de Estados Unidos primero, y ante todo, con nuestros aliados de la OTAN”. No obstante, el Secretario General de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg, ya había anunciado en junio de 2020 el comienzo de un proceso de reflexión de la organización para el 2030, cuyo objetivo sería conseguir en ese horizonte una Alianza “más fuerte militarmente, más unida políticamente y más global”.

Está por ver cuál será el tono de los cambios que tendrán lugar en ese periodo en América del Norte (Canadá es el otro socio americano en la organización), en Europa y en el mundo, y cuáles serán las decisiones que los treinta socios actuales y los que puedan sumarse hasta entonces puedan tomar por consenso en consonancia con tales cambios. A mi juicio, además de los dos pilares situados a ambos lados del Atlántico que sostienen la cinta de la unión, existe un tercero que debe en todo caso conservarse firme e incólume. Este pilar básico es el consenso en la toma de decisiones, acompañado por el mantenimiento a toda costa del papel del Secretario General como servidor de los dueños de la Alianza y no como supuesto líder de los mismos. Y esta cuestión no es en absoluto baladí, porque tengo la impresión de que   los ciudadanos de los países miembros en general, y los españoles en particular, no tienen una idea clara de la misma.

En la OTAN todas las decisiones políticas no se toman por mayoría, sino por consenso entre los Estados miembros, con la misma fuerza en el voto de cada uno. Es decir, vale lo mismo la opinión de Luxemburgo que la de los Estados Unidos a la hora de emprender, por ejemplo, una operación. Y si cualquier país miembro decide no emprenderla, los otros veintinueve pueden ir al escenario del conflicto o de la crisis con sus banderas, pero la OTAN como tal no irá. Otra cosa son las fuerzas o los medios, militares o no, con que concurran los Estados. Es indiscutible que al inicio de los debates las posturas son diferentes, y que con un número tan crecido de miembros,  el consenso crea problemas, pero la larguísima experiencia adquirida desde 1949 ha dotado a la OTAN de una pericia inmensa para superarlos, haciendo confluir esas posturas hacia una decisión aceptada por todos, y esa solidez en el reconocimiento de la soberanía de las naciones  ha sido esencial para  derrotar al Pacto de Varsovia sin disparar un tiro, y ha significado el triunfo de la libertad sobre la opresión y la clave del prestigio de la Alianza.

Parte de este pilar, y capital en su buen funcionamiento, está la figura del Secretario General, servidor de todos y cada uno de los Estados soberanos firmantes del Tratado de Washington. Ni una sola de sus palabras ha sido nunca ajena a la voluntad de ningún miembro, porque todo lo que dice es el fruto de reuniones, consultas y contrastes entre diversas posturas hasta salir, con el acuerdo de todos, de sus labios. La OTAN está representada por su Secretario General porque es la encarnación de la voluntad de las treinta naciones del lazo transatlántico. Mientras prevalezca este tercer pilar habrá OTAN para rato, antes y después de Trump.

General de Brigada (R) Marín Bello Crespo
Ex Oficial Superior de Planes y Segundo Jefe de la División de Planes y Doctrina del Mando Sur de la OTAN (Nápoles)
Ex jefe de la Brigada Multinacional “Salamandra” en Bosnia Herzegovina
Ex Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Terrestre
Miembro de la Asociación Española de Militares Escritores

 

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Artículo de la integrado en el II Ciclo AEME/21 titulado “La Enseñanza Militar de Formación”, original del GB (  R ) don José Armada y Sarriá, Ex Director de la Academia de Infantería y asociado de la AEME.

 

LA ENSEÑANZA MILITAR DE FORMACIÓN

El factor que define la situación de los ejércitos cara a un futuro a largo plazo es la incertidumbre. La incertidumbre producida por un sinfín de circunstancias que, sin duda, serán definitivas en la construcción y funcionamiento de los ejércitos.

Dentro de estas circunstancias que marcarán el entorno operativo existe una certeza indiscutible que perdurará a través del tiempo. La importancia capital del factor humano. La guerra en todos sus niveles seguirá siendo una lucha de voluntades. El factor humano decidirá en definitiva el éxito o fracaso de las operaciones. Por supuesto que se tendrá que responder a todos los demás condicionantes, pero el único permanente seguirá siendo la importancia del combatiente.

Dentro de los factores de incertidumbre destaca la evolución tecnológica por su repercusión en la construcción de los ejércitos. Como es lógico todos los avances tecnológicos referidos al armamento, comunicaciones, inteligencia, etc, deben poder incorporarse a los ejércitos para aprovechar sus capacidades en busca de lograr las necesarias garantías de éxito.

También es muy importante para la construcción de los ejércitos la situación de “invierno demográfico” en la que está inmerso Occidente, y especialmente nuestra sociedad. Este estancamiento de la población influirá en la disponibilidad del personal humano que se pueda necesitar, tanto en cantidad como en calidad. Esta circunstancia y la evolución tecnológica abonan que, tras considerar el impacto de la tecnología en la guerra futura, sea necesario llegar a un equilibrio de las dimensiones humana y tecnológica en el ejército y, por supuesto en las unidades operativas.

Si se considera, por tanto, que dentro de ese entorno incierto y complejo que prevemos para el próximo futro el único elemento permanente y seguro es el combatiente, no cabe duda que para conseguir el éxito, se le deberá formar convenientemente.

Deberemos disponer de un combatiente que, sobre la base fundamental de su formación moral y sus valores, disponga de una formación multidisciplinar, optimice el uso de las nuevas tecnologías, etc.

Para todo ello es absolutamente necesario un sistema de enseñanza que abarque toda la carrera del combatiente, desde su ingreso en el ejército hasta su salida. Es decir, mediante una enseñanza de formación y una de perfeccionamiento a lo largo de su carrera militar, sabiendo que el primer paso a decidir en la actual situación es equilibrar la ecuación humana con la tecnológica, debido a la influencia creciente que tendrá esta última.

Con respecto a la enseñanza militar de formación trataremos de referirnos a los tres niveles existentes: oficiales, suboficiales y tropa. Pero antes fijaremos unas premisas que consideramos permanentes.

Dada la capital importancia que en el caso de la formación del militar tiene su vertiente moral, consideramos necesario la existencia de los centros de enseñanza militar o Academias y que su estancia en ellas, por tiempo variable, sea con carácter de internado por parte de los alumnos.

En esa situación futura previsible, se debe tener en cuenta que las necesidades del ejército deben ser lo primero y en todo el proceso de acceso y formación deben primar ante otras consideraciones. Para ello se debe contar con los intereses y preferencias de cada oficial, suboficial o tropa, haciendo atractiva la carrera militar desde todos los aspectos, para poder competir en el mercado de trabajo.

Por otra parte, dada la previsible complejidad de funciones a realizar, parece aconsejable que los periodos de formación militar sean aprovechados únicamente para lo puramente militar en todos sus aspectos (moral, técnicos, etc ). En esta fase de formación el esfuerzo principal debe ser, y hacia ello deben ir orientadas las condiciones de acceso, captar y formar líderes que puedan combatir con éxito. Todo aquello que no contribuya directamente a seleccionar y formar los mejores líderes será una pérdida de tiempo. Esto supone que el periodo de formación militar sea más ajustado y rentable.

Por todo ello, un aspecto importante será la selección de los aspirantes en todos los niveles. Como es lógico, dependiendo del nivel de aspiración, es decir, a oficiales, suboficiales o tropa, los requisitos intelectuales deben ser diferentes, pero lo más importante deberá ir encaminado a determinar el potencial del aspirante para ser un buen militar. Ello implicará el disponer de los necesarios organismos que puedan evaluar su potencial.

Se prevé que la influencia de la evolución tecnológica tenga una gran repercusión en la función militar y en la formación del combatiente. Entramos en este momento en una cuestión clave. La formación del oficial en algunos ejércitos incluye un grado universitario realizado, bien en una universidad de defensa (Alemania), bien en una pública. Los argumentos para ello son variados pero el más importante es el derivado del concepto de carrera por contrato por un tiempo limitado y su necesidad de posibilitar la incorporación a la sociedad cumplido éste.

Sin embargo, a este respecto se pueden hacer varias consideraciones.

La experiencia nos enseña que los oficiales españoles, igual que los suboficiales y tropa, gozan de una gran consideración en sus misiones internacionales, tanto en Cuarteles Generales como en unidades operativas. Esto dice mucho de su formación y tipo de carrera.

La misma complejidad tecnológica avala la necesidad de una formación militar mucho más compleja y diversa. Por ello, su tiempo de formación debe agotarse en su formación militar, recibiendo las enseñanzas morales y técnicas necesarias para poder cumplir las misiones que se les encomienden.

Por otra parte, la carrera militar tiene una serie de características que la hacen singular respecto al resto. Es una carrera cuyo fundamento más importante es la formación moral de sus componentes y una vez lograda ésta constituiría una pérdida de “talento” el desperdiciarlo fomentando la marcha hacia otras profesiones.

La situación anímica de la persona que se encuentra ejerciendo la carrera que ha elegido y que sabe que ésta es su vida y está en su “casa”, es completamente diferente de la del que sabe que en un cierto tiempo debe buscarse otra ocupación diferente. Es decir, se trata de una profesión vocacional y no ocupacional.

Por todo lo anterior se proponen varias vías de acceso a oficial.

La vía de acceso directo, con acceso a la universidad y las pruebas referidas anteriormente, y una estancia de cinco cursos en los centros de enseñanza militares, AGM y Academias Especiales. En cuanto al reconocimiento oficial de los estudios se debería reconocer su nivel de grado universitario con todas sus consecuencias, lo que supondría recuperar el prestigio de la carrera militar en sí misma.

El número de oficiales por esta vía se establecería de acuerdo con las previsiones de las necesidades para los empleos superiores a comandante.

Otra vía de acceso sería la de los oficiales de complemento. Accederían con una titulación adecuada más las pruebas correspondientes y estarían dos años en los centros de enseñanza. Completarían en número las necesidades de oficiales para las unidades.

Por último, existiría la vía de promoción interna para suboficiales con una determinada antigüedad y calificaciones que pasarían dos cursos en los centros de enseñanza.

En cuanto al acceso a suboficial se haría por acceso directo, con titulación de FP de grado medio más pruebas adecuadas, o por promoción interna. Se cursarían dos cursos en los centros de enseñanza y su nivel reconocido sería de FP superior.

En cuanto al acceso a tropa se requeriría un nivel de ESO y las pruebas selectivas y posteriormente cursarían cuatro meses en los centros de enseñanza.

Como se puede ver este esquema está basado en el factor humano y en la creciente importancia que tendrá la formación militar debido al entorno y tecnología que caracterizarán sus acciones.

Se considera, por ello, que el Ejército debe priorizar la enseñanza como un esfuerzo primario.

 

General de Brigada (R) José Armada Sarriá
Ex Director Academia de Infantería
Asociación Española de Militares Escritores

 

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La Asociación Española de Militares Escritores y en su nombre su Presidente, el General de División DEM ( R ), don Jesús Argumosa Pila y el Instituto de Historia y Cultura Militar y en su nombre el General de División DEM ( R ), don Enrique Bohigas Jayme tienen el gusto de invitarlo a la conferencia que con el título de “Inventores Militares”  impartirá la Doctora en Ciencia Económicas y Empresariales doña María Julia Bordonado Bermejo.

El acto tendrá lugar el día 24 de mayo, en el Salón de Actos del Instituto de Historia y Cultura Militar, sito en el Paseo de Moret, nº 3, de Madrid. Se iniciará a las 11:15 horas.

Se trata de un interesante y simpático paseo por los terrenos intelectuales por los que se movieron compañeros de armas que, con su ingenio, contribuyeron muy especialmente al desarrollo de medios técnicos necesario en nuestra profesión e incluso en las faenas de la vida doméstica, cuyo uso ha perdurado.

 

 

 

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