“Economía y desigualdades sociales en el Mediterráneo” original del Gral. Div. del Cuerpo de Intendencia del E. A. , don José Lorenzo Jiménez Bastida y “Futuro de la Seguridad en el Mediterráneo” original del General de Brigada de Inf. ( R ) don Marín Bello Crespo.

 “Economía y desigualdades sociales en el Mediterráneo”

Original del Gral. Div. del Cuerpo de Intendencia del E. A. , don José Lorenzo Jiménez Bastida.

El título de este trabajo tan solo pretende ser una llamada de atención al lector interesado, en la medida que el alcance de su título, obviamente, sobrepasa con mucho los mejores intentos de estas escuetas líneas. No obstante, dado el contexto del nuevo ciclo de trabajos sobre Seguridad en el Mediterráneo en el que se enmarca, tan bien traído a colación en los momentos actuales, trata de ser una reflexión en la que se consideran aspectos poliédricos, pero importantes que deben tenerse en mente como referencia. Al menos, los referidos a la problemática entre el norte y el sur del mediterráneo, ya que, por razones de espacio, se dejan para otra ocasión los aspectos económicos y de seguridad asociados a su parte este, donde el canal de Suez, Turquía/Chipre, Siria, Líbano e Israel/Palestina y Oriente medio en general, son elementos también decisivos a tener muy en cuenta, dentro de la actual problemática existente.

Así, se pretende acotar algunos aspectos de la cuestión de la seguridad en el Mediterráneo, relacionada con la economía y con la desigualdades de renta existentes, especialmente tras los efectos generados por la pandemia de la Covid 19, echando una ojeada a los desequilibrios económicos, migraciones y desigualdades sociales, que subyacen entre dos importantes continentes separados por un mar, cuyos entornos geográficos, referidos a las costas norte y sur, bañan sus aguas, y sobre todo, teniendo muy presente que por tamaño, “África, no cabe en Europa”.

El Mediterráneo es un mar cruce de culturas milenarias, que hoy, separa una Europa desarrollada, con un fuerte dinamismo económico y con unos valores fundamentales consolidados, y un gran continente africano, donde su parte Norte, está acotada por Marruecos, y Egipto en sus extremos, países en rápida y dinámica consolidación económica, con Libia y Argelia, como sus principales países productores de petróleo, donde la primera, hoy por desgracias, tiene casi todos los perfiles de un estadio fallido, y con una Túnez, foco impulsor en su día de una efímera “primavera árabe”, pero que sigue aun buscando una nueva identidad con perfiles más democráticos. En cualquier caso, toda esa cuenca de países ribereños está actuando de forma decisiva como un freno muy a tener presente, frente a la presión migratoria de todo tipo hacia Europa del resto del continente africano (1).

Toda África suma más de 1.100 millones de habitantes, dispone de una clase media en creciente evolución, con un PIB del orden del 2,5 billónes de dólares y con un crecimiento demográfico que, según las estimaciones actuales, llevará a que en 2050 una de cada cuatro personas en el mundo será africana. Aun así, hoy África, pese a lo anterior, se puede decir que es un continente en conflicto, desestructurado, con enormes desigualdades y dificultades para salir adelante, con incipientes democracias, en general, débiles, donde los abusos de poder son constantes. Al mismo tiempo, dispone de una enorme cantidad de recursos y reservas naturales, muestra signos de una clara expansión económica, que es compatible hoy con un espacio político, donde la corrupción se da en múltiples formas, destacándose muy en particular, en el África subsahariana, según el Informe de Transparency International, de 2014 (2). Además, y junto a estos rasgos particulares, aparece otro muy relevante para la seguridad en el mediterráneo, según el índice de poder militar, y es la clara evidencia estadística de que sus gastos en defensa empiezan a superar en valor relativo a los países occidentales (3).

Respecto a la otra orilla mediterránea, la europea, se puede resaltar que es un espacio que dispone de principios basados en la dignidad de las personas, las libertades, la igualdad, la solidaridad, la ciudadanía, y, sobre todo, dispone de una justicia que posibilita una convivencia basada en el imperio de la ley. Ejercita un desarrollo económico y social equilibrado y sostenible, con capacidad de hacer frente a los retos de la globalización, particularmente los relacionados con la actual pandemia de la Covid 19. Un ejemplo concreto a este respecto, son las de medidas económicas con el denominado “Plan de Recuperación Europeo”, y su Mecanismo de Recuperación”. Aun así, el informe “The Global Economy in 2030: Trends and Strategies for Europe” identifica un conjunto de carencias para Europa y plantea diversos escenarios de futuro, pero la realidad apunta a que su capacidad de resiliencia es muy elevada, y las actuales fisuras en su cohesión, serán un revulsivo, para la superación. (4)

Las desigualdades de renta, en general, y las sociales en particular, suelen analizarse con una doble perspectiva. Por un lado, se toman como referencias comparativas el PIB o renta per cápita entre países, tanto los desarrollados, como aquellos considerados en vías de desarrollo. Así, se presta atención a las diferencias que mantienen en sus niveles de producción o renta per cápita, y la evolución de ésta, poniéndose especial atención en su mayor o menor grado de convergencia o distanciamiento. Por otro lado, el estudio de las desigualdades se suele orientar hacia el análisis de las particularidades de un país en concreto, y se focaliza en el análisis de los grados de distribución de los ingresos entre los miembros, al de nivel de acceso a la educación, en la capacidad y disponibilidad de sus servicios asistenciales y sanitarios, etc.

En los últimos años la pobreza extrema (persona que viven con menos de 1,25 dólares diarios de acuerdo con el Banco Mundial) se ha reducido de manera generalizada, según muestran los datos ofrecidos por las publicaciones basadas en el índice de Gini (5). No obstante, “A lo largo de la historia, las pandemias han sido uno de los fenómenos que más han repercutido en la distribución de los ingresos y la riqueza de las sociedades. Tanto es así, que la mayoría han conllevado un aumento pronunciado de las desigualdades”. Sin embargo, “los sistemas de protección sociales del pasado nada tienen que ver con los mecanismos que provee el estado de bienestar moderno, en el contexto de las políticas públicas que se están llevando a cabo” (6).

Entre los analistas y académicos hay coincidencia en considerar que la Covid 19, ha sido y sigue siendo, un elemento acelerador de tensiones, con múltiples efectos asociados a los desequilibrios y amenazas que estaban latentes en un mundo cada vez más globalizado. Informes relativamente recientes, parecen apuntar a que en la actualidad, se está produciendo una mejora en los índices de desigualdad entre los países del mundo en cuanto a su niveles de renta, sin embargo se detecta también, que a nivel país, se observa un incremento en las desigualdades entre los estratos de mayor nivel de renta y los más bajos, y consecuentemente, en las diferentes oportunidades para tener un acceso equitativo a la educación, la sanidad y la mayoría de los servicios básicos (The World Inequality Report 2018).

A modo de epilogo, y como afirma Thomas Piketty, “la historia de la distribución de la riqueza es siempre profundamente política y no podría resumirse en mecanismos puramente económicos”, al tiempo que señala que” la historia de las desigualdades depende de las representaciones que se hacen los actores económicos, políticos y sociales, de lo que es justo y no lo es, de las relaciones de fuerza entre esos actores y de las elecciones colectivas que resultan de ello” (7). Concluimos, en cualquier caso, resaltando que tenemos el convencimiento de que a pesar de los desequilibrios y amenazas que se perciben en torno a la seguridad en el Mediterráneo y los riesgos que subyacen, Europa desempeñará un papel de liderazgo en su gestión, y estará sustentado en sus valores occidentales, que serán una referencia solida en el mundo actual, a pesar de sus elevadas cotas de volatilidad e impredecibilidad.

 

Referencias

(1) Olier, Eduardo (2016), “Los Ejes del Poder Económico” Edit. Pearson
(2) www.transparency.org/cpi2014.
(3) www.Globalfirepower.com/countries-listing.asp.
(4) Olier, Eduardo (2018) “Guerra Económica Global” Edit. Tirant lo blanch
(5) Olier, Eduardo (2016), “Los Ejes del Poder Económico” Edit. Pearson
(6)  Dosier “El impacto de la Covid 19 en la desigualdad en España” (2021). www.inequality-tracker.caixabankresearch.com
(7) Piketty, Thomas (2014), “El capital en el Siglo XXI”, Fondo de Cultura Económica.

 

José Lorenzo Jiménez Bastida
General de División del Cuerpo de Intendencia EA (R)
Doctor en Ciencias Económicas (Análisis Económico Internacional)
Asociación Española de Militares Escritores

 

 

“Futuro de la Seguridad en el Mediterráneo”

Original del General de Brigada de Inf. ( R ) don Marín Bello Crespo.

Siempre que se intenta ver más allá del presente, de saber qué es lo que nos espera al otro lado de la colina del tiempo, se corre el riesgo de equivocarse en el vaticinio sobre todo aquello para lo cual no tenemos todas las respuestas, ni estamos en condiciones de tener en cuenta la aparición de nuevas circunstancias imprevistas. Por muy claras que sean las señales en el presente, existe una proporción importante de incertidumbre en la extracción de conclusiones sobre el futuro, y más en el futuro de la seguridad en cualquier parte del mundo.

Una región con demasiadas certezas negativas y alta “densidad de riesgo”

En el caso de la región mediterránea, desgraciadamente la incertidumbre casi no tiene espacio. Cualquier análisis de la realidad actual, con todos los datos que la historia ha ido depositando en su espacio físico, con los acontecimientos que conocemos, muchos de los cuales han ocurrido en nuestro tiempo, con los conflictos y problemas que agobian a sus habitantes y con la aplicación prospectiva a los nuevos desafíos que vendrán sin duda a sumarse a los riesgos y amenazas ya existentes, la conclusión no puede ser más que pesimista. Existen otros espacios de conflicto y tensión, pero si se puede cuantificar la “densidad de riesgo”, y a estas alturas y en esta era de los algoritmos hay seguramente más de un índice de medida, la cuenca mediterránea se lleva la palma.

Todas las graves amenazas a la seguridad y estabilidad mundiales enumeradas por la ONU- terrorismo internacional, crimen organizado transnacional, trata de personas, piratería, narcotráfico, cambio climático, flujos ilegales de personas y bienes, catástrofes naturales, pandemias, etc- están presentes en la región. Es por antonomasia el espacio planetario más relevante desde el punto de vista de la Desigualdad, de la Asimetría, de las Tensiones Religiosas y del Desequilibrio Cultural, Económico, Demográfico y Social. Y por si fuera poco, a sus problemas endémicos, que  salvo en el aún no resuelto caso libio están enquistados o van a peor, han venido a sumarse al menos tres tendencias que tienden a expandir la sensación de inseguridad al norte y al sur de las costas del Mare Nostrum: el apoyo de potencias aliadas en la OTAN a bandos opuestos  en conflictos locales, como ha estado ocurriendo en el conflicto de Libia desde que dicho país se convirtió en un Estado fallido y comenzó la guerra civil;  la existencia de Poderes No Gubernamentales, empeñados en extender la inestabilidad política y social de las zonas en conflicto  a los países ricos y desarrollados del norte, especialmente los de la Unión Europea, mediante su apoyo al flujo y a la presión crecientemente inasumibles de una marea humana  dirigida hacia Europa en aras de una especie de imposición salvaje de un supuesto “globalismo” de desarrollo imprevisible; y, por si fuera poco,  la aparición de una terrible pandemia  de gravísimas y dramáticas consecuencias sociales,  que ha interrumpido y descoyuntado el desarrollo económico y el entramado industrial y de servicios  de todos los países de la cuenca mediterránea . En este contexto, se ha disparado el papel   siniestro de diversas mafias internacionales en todos los tráficos ilegales, que hacen perentorio resolver los problemas de implantación de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (FRONTEX).

 

Una línea de alta tensión que excede a los confines mediterráneos e influye en su seguridad

Empezando en el extremo oeste del Magreb por el contencioso no resuelto del Sahara Occidental, antiguo Sahara Español,  que ha vuelto a erizarse desde finales del año pasado con los incidentes del paso de Guerguerat  entre el Sahara Occidental y Mauritania, y terminando, más allá de los confines orientales del espacio mediterráneo, por la pugna entre Arabia Saudita e Irán, peones geopolíticos regionales apoyados por Estados Unidos y Rusia respectivamente, existe una línea de alta tensión que liga todo el Norte de África – rearme de Marruecos, rivalidad con Argelia,  presiones de ambos sobre las aguas territoriales de los vecinos, conflicto en Libia con apoyos internacionales cruzados- con el sempiterno conflicto entre árabes y palestinos con Israel, inestabilidad en Líbano, guerra devastadora en Siria con participación exterior, rivalidad turco griega en el Egeo, conflicto enquistado en Ucrania, piratería y flujo constante de refugiados hacia la orilla norte, dominio de amplias áreas por organizaciones mafiosas…Todo el escenario es preocupante  y la pandemia actual y su resaca económica posterior no harán más que agravarlo, como ya empieza a ocurrir en Líbano. Sobre este panorama gravitan, por si fuera poco, los intereses y las rivalidades, desgraciadamente crecientes, entre Estados Unidos, Rusia y China, ante la presencia inane de una Unión Europea absolutamente irrelevante como tal en el tablero geopolítico , que suple con dinero, buenas palabras y agendas diversas la carencia de una política exterior  común que hay que reconocer que es muy difícil de establecer dadas las diferencias de algunos países de la misma sobre los conflictos existentes, y el caso libio hasta ahora  es una buena muestra .

La amenaza principal en estos tiempos es la influencia que estos problemas añadidos están teniendo no solo en la seguridad exterior de los países europeos, sino en su propia estabilidad y en la pervivencia de los valores democráticos que sustentan un estilo de vida hasta ahora pacífico y próspero en el interior de nuestra Europa. La pandemia es una tragedia gravísima, con sus dramáticas secuelas económicas y sociales, que golpea los fundamentos mismos de la existencia y la convivencia que hemos considerado siempre esenciales, y que tardaremos un tiempo en recuperar. El gran desafío de la orilla norte es recuperarse cuanto antes y recuperar al mismo tiempo su luz, el faro de estabilidad que proyecta, que también está ahora amenazado.

 

Incertidumbres y certezas en el norte y en el sur

Colocar la aguja de la predicción de la seguridad mediterránea en el sur y en el este, incluso a corto plazo, más allá de situarla entre las marcas “Inquietante” y “Desoladora”, es una tarea ardua más apta para profetas que para analistas. La certeza es que la inestabilidad perdurará mientras las pugnas violentas de las diversas partes en conflicto en la región estén apoyadas por intereses geopolíticos ajenos enfrentados entre sí. Puestos a soñar de forma positiva, las palabras mágicas serían Estabilidad y Tiempo. Que podrían ir acompañadas de No Injerencia, Cooperación y No Creación de Problemas Nuevos:  ya se ha visto en Irak, Siria y Libia lo que pasa cuando a los grandes poderes les da por derrocar regímenes, armar a “opositores”, desestabilizar territorios, alimentar revueltas y “liberar” pueblos. Continuar, fortalecer y extender las iniciativas existentes tanto en el campo de la seguridad como en el de la cooperación son la mejor manera de asegurar la estabilidad, que es la llave del progreso, del desarrollo, de la paz y de la prosperidad, por supuesto también en la orilla norte de nuestro Mar Interior, que además tiene que reconstruir su maltrecha economía tras el azote terrible que padecemos. Lo demás está, como diría Liddell Hart, al otro lado de la colina.

 

Marín Bello Crespo, General de Brigada de Infantería (R)
Ex Jefe de la Brigada Multinacional “Salamandra” en Bosnia Herzegovina
Ex Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Terrestre
Asociación Española de Militares Escritores