Ciclo de conferencias sobre submarinos (Septiembre a Diciembre) 3ª Conferencia

El día 11 de noviembre en la sede de la RLNE, el Almirante Julio Albert Ferrero impartió una conferencia titulada “El barco-pez de Monturiol“.  Esta conferencia forma parte de un ciclo sobre submarinos organizado por la RLNE.

El conferenciante hizo una exposición del personaje y de los dos submarinos de su invención, Itineo 1 e Ictineo 2. La presentación fue breve, clara, sencilla y acompañada de imágenes, lo que promovió un animado coloquio tras la conferencia.

Narciso Monturiol, de tendencia socialista extrema, fue un hombre idealista con un espectro amplio de conocimientos que gozaba de gran prestigio como inventor y fue muy reconocido por la sociedad catalana. Tiene un monumento en Figueras su ciudad natal y existen réplicas del Ictineo 1 e ictineo 2 en Barcelona.

Patentó numerosos inventos destacando la máquina de “liar” cigarrillos que le produjo algún beneficio económico. Pero su máxima aportación fue el submarino  con casco de madera y propulsión manual, 4 hombres, concebido con fines ajenos al ámbito militar. En realidad Monturiol pensaba en una máquina para explorar y visitar los fondos marinos.

El Ictineo 1 fue fruto, probablemente, de la experiencia paterna puesto que su padre era de oficio botero. Fue pensado inicialmente para aliviar la dureza del trabajo de los recolectores de coral por lo que estaba dotado de unas pinzas o tenazas para recoger el coral. Botado en Barcelona logró navegar durante más de 2 horas a 20m de profundidad en las pruebas hechas en Alicante. Sin embargo, no fue reconocido de utilidad por la armada.

Animado por el éxito de las pruebas, decidió emprender la construcción del Ictineo 2 para lo que logró una financiación de 300.000 pesetas de dinero público. Este submarino, también de madera, despertó  cierto interés en la armada pero su empresa quebró y, no disponiendo de fondos suplementarios, decidió desmantelarlo. La principal originalidad del Ictineo 2 es que pretendía tener propulsión anaeróbica, sin consumo de oxígeno, pero tenía el inconveniente, que no pudo superar, de la gran cantidad de calor desprendido en la reacción química empleada de  magnesio y peróxido.